viernes, 30 de septiembre de 2016



EL SODIO Y LA SALUD CARDIOVASCULAR

*La OMS recomienda consumir sólo cinco gramos cada día



En el marco del Día Mundial del Corazón, que se celebra precisamente hoy, las organizaciones de salud en todo el mundo abogan por reducir el consumo de sal (sodio), y la recomendación de la OMS es mantenerlo por debajo de los 5 gramos diarios lo cual podría ayudar a prevenir la hipertensión y reducir el riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular en la población adulta.
Aunque el sodio es indispensable para la función fisiológica, debe consumirse con moderación, incluyéndolo de manera correcta en la dieta diaria a través de cambios en los hábitos alimenticios.
Con base en la hipótesis de que la restricción de sodio ayuda a controlar la presión arterial, y esto a su vez se relaciona con la prevención de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, se ha recomendado la reducción del consumo del mismo.
Para alcanzar este objetivo, el Instituto de Medicina de los Estados Unidos (IOM por sus siglas en inglés) en 2004 definió como un límite superior de consumo tolerable de sodio (UL, por sus siglas en inglés) 2 mil 300 miligramos sal día y un nivel de ingestión adecuada (AI por sus siglas en inglés) de mil 200 a mil 500 miligramos en un sólo día.
Sin embargo, estas cantidades son incompatibles con la propia definición de IOM de que la AI es la ingestión aproximada encontrada en poblaciones aparentemente sanas.
Debido a que la ingestión media de sodio en la población oscila entre 2 mil 700 y 4 mil 900 miligramos al día, el límite superior del consumo tolerable de sodio del 2004, (2.300 mg/día) ha sido puesto en duda por el informe de 2013 del mismo IOM en donde se llegó a la siguiente conclusión: "la evidencia científica es insuficiente e inadecuada para establecer si la reducción de la ingestión de sodio por debajo de 2.300 mg/día disminuye o aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares en la población general”.
Varios estudios han informado una asociación en forma de U entre la excreción urinaria de sodio con las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad.

EL NO CONSUMO DE SODIO ES NEGATIVO

De hecho, en un metanálisis publicado en el 2014 en donde se analizaron los estudios publicados al respecto el hallazgo principal fue que las personas que tienen un consumo de sodio menor o mayor al habitual tuvieron un mayor riesgo de todas las causas de mortalidad así como de enfermedades cardiovasculares, o sea, que tanto el exceso como la deficiencia en el consumo de sodio pueden producir efectos adversos en la salud.
En otro estudio cuyo objetivo fue explorar si la asociación entre la ingestión de sodio y la prevalencia de enfermedad cardiovascular y la mortalidad por todas las causas se modificaba en personas con o sin hipertensión encontraron que en comparación con la ingestión moderada de sodio, una ingestión elevada de sodio se asoció con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares y muerte en poblaciones hipertensas, no encontraron esta asociación en la población presión arterial normal, mientras que la asociación entre la ingestión baja de sodio con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares y muerte se observó en los dos grupos (con y sin hipertensión).
Estos datos sugieren que la recomendación de la reducción del consumo de sodio debería estar dirigida solo a las poblaciones de hipertensos que consumen dietas con alto contenido de sodio.

GENERALIDADES DEL SODIO

El sodio es un nutrimento esencial, es un metal alcalino y el principal componente del líquido extracelular (LEC). Sus principales funciones fisiológicas son, mantener el volumen de líquido extracelular (LEC) que está en función del contenido total del sodio en el cuerpo, por su acción osmótica, ayuda a mantener la homeostasis celular normal, regula el equilibrio de líquidos y electrolitos, la tensión arterial, el equilibrio ácido-base, la conducción de impulsos nerviosos, el control de la contracción muscular y el transporte activo de nutrimentos a través de la membrana celular.
El sodio se absorbe en el intestino delgado distal y en el colon. El equilibrio de sodio en el cuerpo está estrechamente ligado al del agua y está regulado por los riñones.
El sodio filtrado por los glomérulos se reabsorbe de acuerdo a las necesidades del individuo. La homeostasis del sodio se mantiene principalmente a través de la aldosterona en los túbulos renales. Cuando la ingestión de sodio es alta, la concentración de aldosterona disminuye y la excreción urinaria de sodio aumenta, cuando al contrario la ingestión es baja, la aldosterona aumenta y la excreción urinaria de sodio disminuye, de hecho puede disminuir casi a cero.
Además,  pequeñas pérdidas de sodio se producen a través de las heces y el sudor; estas pérdidas aumentan cuando se incrementa la ingestión de sodio, aunque parte de ellas son obligatorias. La pérdida normal de sodio a través de la orina, del sudor y de las heces fecales no requerirá de una ingestión extra de sal, sin embargo bajo condiciones extremas de calor y de ejercicio en donde se da un aumento en la sudoración, o en condiciones patológicas como de diarrea crónica o enfermedad renal el cuerpo puede agotar su reserva de sodio.
El sodio, en conjunto con el cloro forma el cloruro de sodio comúnmente conocido como sal de mesa. Así, las fuentes de sodio en la dieta se dividen en dos grandes grupos, las discrecionales como la sal de cocina o de mesa, las cuales se añaden voluntariamente a los alimentos y las no discrecionales que incluyen al sodio contenido en alimentos naturales, en agua y otras bebidas, la sal adicionada durante el procesamiento industrial de los alimentos, el sodio utilizado como conservador, etc.
El contenido de sodio de los alimentos es muy variable y depende del alimento mismo, así como si este fue sometido a algún proceso. Los alimentos naturalmente bajos en sodio son las frutas, y las verduras. 
Los productos de origen animal (carne, los productos del mar y lácteos) contienen más. El contenido de sodio de los alimentos procesados, evidentemente, varía dependiendo de la cantidad de sal añadida durante su preparación.
En la mayoría de los países, los derivados de los cereales, incluyendo el pan, son la principal fuente de sodio no discrecional, seguidos de la carne, huevo, pescado y mariscos, leche y productos lácteos. Con relación a esto, la Organización Mundial para la Salud (OMS) ha establecido que el consumo de agua no contribuye significativamente con la ingestión de sodio.
Dada la presencia de sal añadida en una amplia gama de productos alimentarios de uso común, una deficiencia de sodio es poco probable en individuos sanos.
De hecho, esta deficiencia no se produce en condiciones normales, incluso con dietas muy bajas en sodio. Por el contrario, el consumo elevado de sodio es común en la mayoría de las poblaciones de todo el mundo, tanto por la sal añadida a los productos durante el procesamiento de alimentos, así como por el hábito generalizado de agregar cantidades adicionales de sal cuando se preparan los alimentos e incluso cuando son servidos en la mesa.



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