REGRESO A CLASES: MÁS ALLÁ
DE LA MOCHILA,
¿CÓMO AYUDAR A LOS NIÑOS A
VOLVER?
El
regreso a clases suele venir acompañado de emoción: reencontrarse con amigos,
conocer maestros, estrenar cuadernos y comenzar una nueva etapa. Pero para
muchos niños también puede traer nervios, incertidumbre e incluso miedo.
Un
nuevo salón, cambios en el grupo de amigos, mayores exigencias académicas o
simplemente volver a separarse de casa después de las vacaciones pueden generar
sentimientos que no siempre saben cómo expresar.
Por
eso, además de preparar uniformes y útiles escolares, vale la pena
preguntarnos: ¿cómo se siente mi hijo ante el regreso a clases?
Escuchar
antes de solucionar: Cuando un niño expresa que no quiere regresar a la
escuela o que algo le preocupa, nuestra primera reacción puede ser tratar de
tranquilizarlo rápidamente: “No pasa nada”, “te va a ir muy bien” o “vas a ver
que en unos días se te quita”.
Aunque
se diga con la mejor intención, es importante darle primero espacio para explicar
lo que siente.
Preguntas
sencillas pueden abrir la conversación:
¿Qué es lo que más te emociona de regresar?
¿Hay algo que te preocupe?
¿Con quién te gustaría estar este año?
¿Hay algo en lo que crees que necesitas
ayuda?
No
siempre es necesario tener inmediatamente una respuesta o una solución. Muchas
veces, saber que pueden hablar sin ser juzgados ya les brinda seguridad.
Observar
lo que no dicen: Los niños no siempre expresan sus preocupaciones con
palabras. Algunos pueden mostrar cambios en el sueño o el apetito,
irritabilidad, dolores de cabeza o de estómago, mayor necesidad de estar cerca
de sus padres o resistencia a prepararse para ir a la escuela.
Una
cierta dosis de nervios ante un cambio es normal. Lo importante es observar la
intensidad, la duración y cuánto interfiere con su vida cotidiana.
Recuperar
las rutinas poco a poco: Después de las vacaciones, volver de golpe a
horarios estrictos puede resultar difícil. Recuperar gradualmente las horas
habituales para dormir, despertar, comer y realizar actividades ayuda a que el
cuerpo y la mente se adapten nuevamente al ritmo escolar.
Dormir
suficientemente también es fundamental para la concentración, el aprendizaje y
la regulación de las emociones.
Evitar
transmitir nuestras propias expectativas: “Este año tienes que sacar
mejores calificaciones” o “ahora sí tienes que esforzarte más” pueden parecer
frases motivadoras, pero justo antes de comenzar las clases también pueden
aumentar la presión.
El
inicio del ciclo escolar puede ser una buena oportunidad para cambiar la
conversación: además de preguntar por las calificaciones, interesarnos por cómo
se sienten, qué están aprendiendo, qué disfrutan y qué les está costando
trabajo.
¿Cuándo
conviene pedir ayuda?: Si el miedo o la ansiedad son intensos, persisten
con el paso de los días, provocan síntomas físicos frecuentes, afectan el sueño
o hacen que el niño evite constantemente asistir a la escuela o participar en
actividades que antes disfrutaba, es importante conversar con su pediatra o con
un profesional de salud mental infantil.
Un
buen regreso a clases también empieza en casa: Preparar a los niños para
volver a la escuela no significa eliminar todos sus nervios. Significa
ayudarlos a entender que pueden hablar de lo que sienten, pedir ayuda cuando la
necesitan y enfrentar los cambios acompañados.
Este
regreso a clases, además de preguntar “¿ya tienes todo listo?”, quizá vale la
pena agregar otra pregunta:
“¿Cómo te sientes con volver a la escuela?”
La
respuesta puede decirnos mucho más de lo que imaginamos.










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