¿NO BAJAS DE PESO CON UN
GLP-1?
ESTO ES LO QUE PODRIA ESTAR
PASANDO
*Veamos entonces qué significa no bajar de
peso con un GLP-1, ya que no siempre significa que el medicamento haya dejado
de funcionar
Los
medicamentos para bajar de peso han evolucionado mucho: desde las “pastillas
arcoíris” a base de anfetaminas de las décadas de 1950 y 1960, hasta el infame
Dexatrim de los años 80 y la era del fen-phen en los 90. Muchos de estos
tratamientos no solo fueron controvertidos, sino que también implicaban
importantes riesgos de seguridad.
Actualmente,
los medicamentos con péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1, por sus siglas
en inglés) representan una nueva clase de tratamientos para bajar de peso y un
enfoque fundamentalmente diferente al de las pastillas estimulantes del pasado.
Actúan imitando una hormona natural del intestino que ayuda a regular el azúcar
en la sangre y a reducir el apetito al actuar sobre las señales de hambre en el
cerebro.
Los
medicamentos GLP-1 se han convertido rápidamente en una de las terapias para
bajar de peso más utilizadas. Tan solo en Estados Unidos, se estima que uno de
cada ocho adultos —casi el 12% de la población— ha reportado usar medicamentos
como Wegovy (semaglutida) y Zepbound (tirzepatida).
En
ensayos clínicos, estos medicamentos han producido resultados significativos.
Los pacientes que toman semaglutida y tirzepatida han perdido, en promedio,
alrededor del 15% al 21% de su peso corporal con el tiempo, pero esos resultados
no se aplican a todas las personas.
En
esos mismos estudios, un grupo de pacientes —alrededor del 10% al 15%— perdió
menos del 5% de su peso corporal, el umbral que suele utilizarse para definir
una pérdida de peso significativa. Para estos pacientes, la experiencia puede
ser muy diferente. La pérdida de peso puede desacelerarse, estancarse o no
presentarse en absoluto, incluso con un uso constante del medicamento.
Es
entonces cuando suele surgir la pregunta: “¿Qué está pasando?”, pero la
respuesta no es tan sencilla como podrías pensar.
Por
qué un GLP-1 podría no estar “funcionando” como debería: “Cuando alguien
dice que su GLP-1 no está funcionando, eso puede significar muchas cosas
diferentes”, señala el Dr. Vadim Sherman, director médico de Cirugía Bariátrica
y Metabólica y especialista en medicina de la obesidad del Hospital Houston
Methodist. “Tenemos que determinar si llegó a un estancamiento, si no responde
al medicamento o si el medicamento ya no está teniendo el mismo efecto”.
Estancamiento:
Para muchos pacientes, la pérdida de peso con estos medicamentos suele ser
mayor al principio del tratamiento y después disminuye gradualmente con el
tiempo. Este patrón es común en los ensayos clínicos de las terapias basadas en
GLP-1, en los que la pérdida de peso avanza con mayor rapidez al inicio antes
de estabilizarse. Con el tiempo, algunos pacientes pueden experimentar un
estancamiento o una interrupción total de la pérdida de peso.
“Cuando
estás perdiendo peso de manera constante, quizá uno o dos kilos por semana, y
después pasas un mes sin perder nada, eso se considera un estancamiento”,
explica el Dr. Sherman.
En
muchos casos, esto no significa que el medicamento haya dejado de funcionar.
Los medicamentos GLP-1 siguen ayudando a regular el apetito, pero la velocidad
de pérdida de peso suele disminuir a medida que el organismo se adapta y la
respuesta inicial se estabiliza, lo que puede llevar a un estancamiento.
Falta
de respuesta: También hay pacientes que podrían no experimentar una pérdida
de peso significativa a pesar de usar el medicamento de manera constante. Es lo
que los médicos llaman falta de respuesta.
“Hay
un porcentaje bastante alto de personas en quienes estos medicamentos realmente
no tienen ningún efecto: no hay un cambio real en el apetito ni una pérdida de
peso significativa”, señala el Dr. Sherman.
Las
terapias con GLP-1 actúan principalmente sobre el hambre y el apetito, pero
estos no son los únicos factores que influyen en el peso. En estos casos, los
factores que determinan el peso de un paciente podrían no responder de manera
importante a este tipo de tratamiento.
Sin
embargo, no todos los casos de falta de respuesta son iguales. Algunos
pacientes pueden experimentar poco o ningún cambio en el apetito o en las señales
de hambre, mientras que otros pueden notar algún efecto, pero aun así no
alcanzar una pérdida de peso significativa. Esta variación es una de las
razones por las que los médicos analizan más detenidamente cada caso antes de
determinar qué hacer a continuación.
Tolerancia:
En otras situaciones, el medicamento pudo haber funcionado —al menos al
principio—, pero parece que ya no funciona igual de bien.
“Es
posible que el medicamento haya funcionado antes, pero con el tiempo puede
desarrollarse lo que llamamos tolerancia y es posible que ya no tenga el mismo
efecto”, señala el Dr. Sherman.
En
muchos casos, esto no representa una verdadera “tolerancia” en el sentido
tradicional. Más bien, podría formar parte de un cambio natural en la manera en
que el organismo responde a la pérdida de peso continua. A medida que disminuye
el peso y el organismo se adapta, el efecto general sobre el peso puede
volverse menos pronunciado, incluso si el apetito sigue controlado.
Independientemente
del mecanismo, el resultado puede sentirse similar: el progreso se desacelera o
se detiene. Sin embargo, desde el punto de vista clínico, esto no
necesariamente significa que el medicamento haya dejado de funcionar.
Expectativas
que no corresponden con los resultados: En otras situaciones, el problema
no es qué tan bien está funcionando el medicamento, sino cómo se interpretan
los resultados.
“Lo
primero que tenemos que entender es cuáles son las expectativas del paciente
respecto a la pérdida de peso y qué pueden lograr realmente estos
medicamentos”, señala el Dr. Sherman. “Los pacientes suelen tener una meta
personal que quieren alcanzar, pero el medicamento podría no ser suficiente
para llegar a ella”.
Los
pacientes suelen comenzar el tratamiento con un objetivo específico en mente
—un peso determinado o una cierta velocidad de pérdida de peso— que podría no
coincidir con lo que el medicamento puede lograr por sí solo.
Cuando
las expectativas y los resultados no coinciden, puede parecer que el
tratamiento no está funcionando, incluso cuando podría estar teniendo un efecto
significativo. En estos casos, el enfoque suele cambiar hacia ajustar las
expectativas o adaptar el tratamiento en general para que corresponda mejor con
los objetivos del paciente.
Los
medicamentos GLP-1 tienen límites: Aunque los medicamentos GLP-1 pueden
tener un efecto importante sobre el apetito, no controlan todos los factores
que influyen en el peso.
“Un
GLP-1 no provoca directamente la pérdida de peso; afecta el hambre y el
apetito. Cuando combinas eso con cambios en la alimentación y el estilo de
vida, es cuando se produce la pérdida de peso”, señala el experto del Hospital
Houston Methodist.
En
otras palabras, el medicamento cumple una función dentro de un sistema mucho
más amplio. Puede ayudar a reducir el hambre y hacer que sea más fácil comer
menos, pero no puede contrarrestar los numerosos factores biológicos y
conductuales que influyen en el peso con el tiempo.
Estos
factores pueden incluir el metabolismo, las señales hormonales, la manera en
que el organismo procesa y almacena energía e incluso qué tan satisfecha se
siente una persona después de comer. Aunque los medicamentos GLP-1 están
diseñados para actuar sobre el apetito y la saciedad, no abordan todos los
sistemas involucrados en la regulación del peso.
Esto
es parte de lo que distingue a los diferentes medicamentos de esta categoría.
La semaglutida actúa imitando una sola hormona involucrada en la regulación del
apetito: el GLP-1. La tirzepatida va un paso más allá al actuar sobre dos vías,
incluido el GLP-1 y el polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa (GIP,
por sus siglas en inglés), lo que puede potenciar su efecto en algunos
pacientes. Y los tratamientos más nuevos que actualmente están en desarrollo,
como la retatrutida, buscan actuar sobre tres vías hormonales diferentes al
mismo tiempo.
Aun
así, estos medicamentos solo influyen en una parte de un sistema mucho más
complejo, por lo que la respuesta puede variar de una persona a otra.
“En
algún momento, el medicamento podría haber hecho todo lo que puede hacer”,
añade el Dr. Sherman. “Existen límites biológicos para lo que una sola terapia
puede lograr”.
Más
bien, esto podría reflejar el límite de lo que este tipo de tratamiento puede
lograr para un paciente determinado.
“Hay
que observar cómo responde la biología de ese paciente en particular al
medicamento”, señala el Dr. Sherman. “Para algunas personas, el efecto es
significativo. Para otras, puede ser más limitado”.
Qué
analizan los médicos cuando el progreso se estanca
La
primera pregunta que suelen hacer los médicos como el Dr. Sherman es si el
medicamento sigue teniendo el efecto esperado sobre el hambre y el apetito o si
está produciendo la cantidad de pérdida de peso esperada, señala el
especialista.
“Hay
que dar un paso atrás y determinar qué es lo que realmente está limitando el
progreso”, señala el Dr. Sherman. “Analizamos si todo lo demás está optimizado,
incluida la alimentación y la actividad física”.
Los
medicamentos GLP-1 pueden ayudar a reducir el hambre, pero la pérdida de peso
aún depende de cómo ese efecto se traduce en los hábitos cotidianos, incluido
qué come el paciente y cuánto come, así como su nivel general de actividad
física.
Los
médicos también pueden analizar cómo ha cambiado la respuesta del paciente con
el tiempo. Si la pérdida de peso disminuye después de un periodo inicial de
progreso, podría indicar un estancamiento o un cambio en la manera en que el
organismo responde al medicamento.
“Si
no estamos viendo los resultados que esperamos, tenemos que pensar en qué otra
cosa podría ser efectiva para ese paciente”, señala el Dr. Sherman.
En
algunos casos, ajustar el medicamento puede ser suficiente. Aumentar la dosis,
cambiar a otro medicamento o combinar distintos enfoques puede generar un
progreso adicional. En otros casos, la respuesta podría seguir siendo limitada
a pesar de estos cambios.
En
ese momento, la conversación suele cambiar: “Si un paciente no responde muy
bien a los medicamentos para bajar de peso, podría no tener sentido que siga
tomándolos”, señala el Dr. Sherman. “Seguir aumentando la dosis o asumir ese
gasto puede ser contraproducente”.
Además,
estos medicamentos no son económicos, lo que puede dificultar justificar su uso
a largo plazo para algunos pacientes, especialmente si los resultados son
limitados.
“Es
entonces cuando comenzamos a explorar otras opciones para bajar de peso”, añade
el Dr. Sherman. “Llega un punto en el que hay que ir más allá de lo que ese
medicamento puede hacer”.
Cuando
los medicamentos por sí solos no son suficientes para bajar de peso: Para
algunos pacientes, ir más allá de los medicamentos significa considerar un tipo
de tratamiento completamente diferente. En ese punto, el objetivo es encontrar
un enfoque que corresponda mejor con los factores que determinan el peso y que
permita lograr un progreso más significativo y sostenido.
La
cirugía bariátrica es una de las opciones que los médicos pueden considerar
cuando el progreso con medicamentos es limitado o cuando se necesita un
resultado más significativo y duradero. El término se refiere a un grupo de
procedimientos —los más comunes son la cirugía de manga gástrica y el bypass
gástrico— que modifican de manera fundamental el funcionamiento del sistema
digestivo.
Debido
a estos cambios, la cirugía bariátrica suele producir resultados diferentes,
incluida una pérdida de alrededor del 25 % al 30 % o más del peso corporal
total, y los datos a largo plazo muestran resultados más sostenidos en muchos
pacientes.
Sin
embargo, eso no significa que la cirugía sea la opción adecuada para todas las
personas.
“Abordamos
la pérdida de peso como un espectro de opciones de tratamiento”, señala el Dr.
Sherman. “El objetivo es encontrar el enfoque que mejor corresponda con el
paciente y con los factores que determinan su peso”.
Para
algunos pacientes, los medicamentos pueden ser suficientes para alcanzar y
mantener sus objetivos. Para otros, pueden ser un paso dentro de un plan de
tratamiento más amplio. En determinados casos —particularmente cuando la
respuesta es limitada o dura poco tiempo—, la cirugía puede ofrecer una
alternativa más eficaz.
“Hay
muchos caminos diferentes que pueden llevar al mismo objetivo”, finaliza el Dr.
Sherman. “No se trata de agotar todas las opciones de medicamentos y después
considerar la cirugía; el tratamiento se adapta a cada paciente”.








