EL PAPEL DE LAS EMOCIONES
REDEFINE
EL TRATAMIENTO DE LA
OBESIDAD
El
tratamiento de la obesidad comienza a transformarse en la práctica médica y es
que, a partir de la publicación de la Guía Mexicana para el Manejo de la
Obesidad en Adultos, especialistas incorporan un modelo que identifica
distintos fenotipos clínicos (conjunto de características observables de un
organismo) con el objetivo de comprender qué mecanismos predominan en cada
paciente y orientar tratamientos más precisos.
Este
enfoque reconoce que la enfermedad puede originarse por combinaciones distintas
de factores metabólicos, hormonales, conductuales y emocionales, lo que
modifica la manera en que se evalúa y trata a quienes viven con esta
enfermedad.
El
Dr. Eduardo Goicoechea, médico internista, explica que la identificación de
fenotipos permite pasar de recomendaciones generales a intervenciones
individualizadas basadas en las causas que sostienen la enfermedad.
Señala
que pacientes con características similares en términos de peso pueden
presentar alteraciones fisiológicas diferentes que influyen tanto en el apetito
como en la respuesta al tratamiento y en la evolución clínica.
Desde
esta perspectiva, el objetivo terapéutico se orienta hacia la mejora de la
salud metabólica y la reducción de riesgos asociados, más allá de una meta
aislada de disminución de peso corporal.
El
cambio ocurre en un contexto donde la obesidad se mantiene como uno de los
principales retos de salud pública. A nivel global, más de 890 millones de
personas viven con esta enfermedad, mientras que, en México, según la Ensanut
Continua 2023, cerca de 4 de cada 10 adultos presentan obesidad. Su impacto va
más allá del peso corporal, al asociarse con diabetes tipo 2, enfermedades
cardiovasculares y otras complicaciones crónicas que representan alrededor del
5% del gasto nacional en salud.
Dentro
de los fenotipos reconocidos por las guías clínicas destaca el denominado
hambre emocional, fenotipo caracterizado por la influencia significativa de
factores psicológicos sobre la conducta alimentaria.
En
estos casos, la ingesta de alimentos es resultado de alteraciones en la
regulación emocional, impulsividad, alta sensibilidad a la recompensa por el
alimento y compulsividad.
RELACION BIDIRECCIONAL
Diferentes
estudios científicos confirman que existe una relación bidireccional entre las
emociones negativas y obesidad: el hambre emocional, definido como el consumo
excesivo de alimentos asociado a estrés, ansiedad o tristeza se vincula con
hábitos de alimentación poco saludables, exacerbando la ganancia de peso.
De
acuerdo con el Dr. Héctor Esquivias, médico psiquiatra, la evidencia científica
muestra una interacción constante entre la obesidad y la salud mental.
Aproximadamente cuatro de cada diez personas que viven con obesidad presentan
además síntomas de ansiedad o depresión.
El
especialista explica que iniciar con obesidad incrementa hasta en un 55% el
riesgo de desarrollar depresión, mientras que comenzar con depresión aumenta
cerca de un 45% la probabilidad de desarrollar obesidad, lo que confirma la
relación bidireccional entre procesos emocionales y metabólicos.
En
pacientes con hambre emocional, la alimentación puede convertirse en una
respuesta frente al estrés, la ansiedad o la carga emocional cotidiana. Cuando
este componente no se identifica dentro del abordaje clínico, las
intervenciones suelen centrarse únicamente en la modificación de hábitos sin
atender los mecanismos que perpetúan el padecimiento. Investigaciones indican
que la ingesta emocional está mediada por factores como el malestar psicológico
y el estigma de peso.
En
México, este fenómeno agrava la epidemia, ya que el estrés cotidiano y la
inseguridad alimentaria contribuyen a patrones de consumo impulsivo, afectando
por igual a todos los niveles socioeconómicos.
El
Dr. Goicoechea señala que reconocer estos perfiles clínicos también permite
comprender los ciclos frecuentes de pérdida y reganancia de peso observados en
muchos pacientes, ya que la evolución de la obesidad depende de múltiples
factores biológicos y conductuales que requieren atención multidisciplinaria.
Identificar el hambre emocional y tratar las condiciones de salud mental
asociadas, como la depresión y la ansiedad, no solo mejora la adherencia al
tratamiento, sino que favorece una mayor pérdida de peso sostenida.
La
incorporación de este enfoque basado en los fenotipos de la obesidad permite
comprender que, en muchos casos, la obesidad no responde únicamente a procesos
metabólicos, sino también a la forma en que el estrés, la ansiedad o la carga
emocional influyen en la relación con la alimentación. Reconocer estos factores
dentro de la evaluación médica comienza a modificar la manera en que se
interpreta la enfermedad y las estrategias utilizadas para su tratamiento,
promoviendo intervenciones integrales que incluyan apoyo psicológico,
nutricional y médico.
Esta
información formó parte del encuentro con especialistas en salud realizado en
el marco del Día Mundial de la Obesidad,
donde se abordó cómo el reconocimiento del hambre emocional y su inclusión
dentro de los fenotipos clínicos está redefiniendo el abordaje de la obesidad
en el país.

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