DIA MUNDIAL DEL GLAUCOMA: ENFERMEDAD
QUE ACECHA
A LAS PERSONAS CON DIABETES
E HIPERTENSION
En
México, la medicina se suele ejercer bajo el esquema de la urgencia: acudimos
al especialista cuando el síntoma es insoportable. Entre todas, hay una
patología que no avisa, no duele y no presenta enrojecimiento en sus etapas
críticas, pero que hoy mantiene a más de 2 millones de personas en una zona de
riesgo irreversible.
Es
el glaucoma, una enfermedad que, según el Dr. Marco Antonio Cantero Vergara,
médico militar oftalmólogo y director general de Zeiss Vision Clinic, está
ganando la batalla debido a un diagnóstico que casi siempre llega tarde.
En
entrevista con Sun Pharma comenta que: “El problema central es que el paciente
llega a la consulta cuando ya nota una pérdida de visión, y en el glaucoma, lo
que se pierde de vista no se recupera jamás”, advierte el especialista. El
glaucoma no es una simple elevación de la presión en el ojo; es un proceso
degenerativo del nervio óptico que va recortando el campo visual desde la
periferia hacia el centro. Es, literalmente, un túnel que se cierra poco a poco
hasta la oscuridad total. El ojo mantiene su forma gracias a un líquido llamado
humor acuoso. Cuando el sistema de drenaje de este líquido falla, la presión
interna aumenta y comienza a ejercer presión sobre las fibras del nervio óptico”.
El
Dr. Cantero explica que existen varios tipos de glaucoma: De ángulo abierto, el
drenaje parece funcionar pero el líquido no fluye correctamente, lento e
indoloro; de ángulo cerrado, en el que el sistema de drenaje se bloquea de
forma abrupta, puede causar dolor y visión borrosa repentina, se considera
emergencia médica; secundario que se origina por algunas enfermedades crónicas
y el congénito que afecta a niños que nacen con esta condición.
La
genética y el estilo de vida en México juegan en contra de la salud visual. El
Dr. Cantero enfatiza que el 20% de la población mexicana vive con diabetes
mellitus. “Existe una asociación directa y agresiva entre la diabetes y el
glaucoma. Si a esto le sumamos que la hipertensión arterial también daña la
vasculatura del ojo, tenemos una tormenta perfecta”, señala el director de
Zeiss Vision Clinic.
En
la práctica clínica, esto significa que cualquier paciente diabético o
hipertenso debería tener, por protocolo, un expediente abierto con un
oftalmólogo, algo que rara vez sucede. Además, el componente hereditario es
clave.
¿Por
qué el 50% de los afectados no sabe que lo tiene?:
“La
gente va al oftalmólogo cuando tiene una basura en el ojo, cuando le arde por
el cansancio digital o cuando necesita lentes. Pero el glaucoma no se siente”,
explica Cantero Vergara. Cuando aparecen los síntomas, el daño ya es avanzado.
Algunos pacientes reportan ver círculos de colores alrededor de las luces
eléctricas, sensación de pesadez en el globo ocular o enrojecimiento
persistente que se puede confundir con fatiga o conjuntivitis.
El
diagnóstico de glaucoma requiere una evaluación técnica profunda que el
especialista desglosa en tres ejes fundamentales:
Tonometría:
Medir la presión intraocular (que suele estar elevada en la mayoría de los
casos).
Oftalmoscopia:
Revisar el fondo de ojo para evaluar físicamente el estado de la cabeza del
nervio óptico.
Campimetría:
Un estudio funcional para ver si ya existen "huecos" o manchas en el
campo visual del paciente.
El
glaucoma no se cura, se controla. Esta es quizá la verdad más difícil de
digerir para el paciente. Una vez detectado, el tratamiento —que puede ir desde
gotas diarias para reducir la presión, hasta procedimientos láser o cirugías
invasivas— tiene un único objetivo: detener el avance del daño.
“El
paciente debe entender que el tratamiento es para el resto de su vida. Lo que
está en juego es su autonomía y su capacidad de ver el mundo. Si se detecta a
tiempo, una persona con glaucoma puede morir de vejez viendo perfectamente. Si
se detecta tarde, la ceguera es el destino inevitable”, sentencia el médico.
A
propósito del Día Mundial del Glaucoma,
este 12 de marzo, el Dr. Marco Antonio Cantero lanza una alerta sobre el
diagnóstico tardío. Las estadísticas indican
que después de los 40 años, el riesgo se dispara. La recomendación es
realizar una visita anual al oftalmólogo, la cual puede ser la diferencia entre
una vida de independencia, conservar la visión o el riesgo de perder la
capacidad de ver bien.
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