SE COMPRUEBA VINCULO ENTRE
CONTAMINACION
DEL AIRE, ENFERMEDADES
CARDIOMETABOLICAS
Y CANCER
La
exposición individual a la contaminación ambiental es un factor de riesgo poco
reconocido y subestimado en el desarrollo de enfermedades del corazón y cáncer,
demuestran dos estudios realizados por el Hospital Houston Methodist.
“Genéticamente,
los seres humanos somos 99% similares, y ese 1% de diferencia no termina de
explicar toda la variedad de enfermedades que observamos”, señala el Dr.
Al-Kindi, director asociado de Prevención y Bienestar Cardiovascular y director
médico del Centro de Salud y Naturaleza del Hospital Houston Methodist. “En
realidad, el lugar donde vives y aquello a lo que estás expuesto suele ser más
determinante que tu genética en el desarrollo de enfermedades. Y aun así,
nuestra comprensión actual de cómo estos factores afectan la salud, sigue
siendo insuficiente”.
Los
artículos —uno publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology y otro en
JACC: CardioOncology— abordan esta brecha de información al ofrecer un resumen
de la evidencia epidemiológica y los mecanismos biológicos que vinculan la
contaminación del aire con las enfermedades cardiovasculares.
La
investigación también propone estrategias para mejorar la conciencia pública
sobre este riesgo, y recomienda acciones a nivel individual, comunitario y
gubernamental que ayuden a mitigar la creciente amenaza sanitaria global
derivada de la exposición a contaminantes.
La
relación entre la contaminación del aire y la enfermedad cardiometabólica: El
artículo de The Lancet destaca que la exposición prolongada a partículas finas
en el aire es responsable de aproximadamente 20% de los casos de diabetes tipo
2 en el mundo.
Estas
partículas, conocidas como PM2.5 —aquellas con un diámetro de 2.5 micrómetros o
menor— provienen principalmente de vehículos, actividades industriales e
incendios forestales.
Los
autores llaman la atención sobre un dato alarmante: casi 99% de la población
mundial vive en zonas donde los niveles de contaminación del aire exceden las
guías de calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud (menos de 5
µg/m³ por año). En contraste, la concentración media global estimada de PM2.5
es de 32.8 µg/m³ anuales.
Según
el Dr. Al-Kindi, investigador principal del artículo en The Lancet, el impacto
de la contaminación del aire en la salud del corazón va mucho más allá de los
factores de riesgo tradicionales.
“Durante
años, la cardiología se ha enfocado en elementos internos como el colesterol,
la obesidad y la presión arterial”, indica el Dr. Al-Kindi. “Pero nuestra
investigación muestra cada vez más que la exposición elevada a contaminación
del aire puede incrementar el riesgo de diabetes tipo 2 hasta en 25%,
convirtiéndose en uno de los mayores factores de riesgo independientes”.
El
artículo describe los mecanismos biológicos implicados en este riesgo
cardiometabólico: inflamación sistémica, estrés oxidativo, activación del
eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, activación del sistema nervioso central y
alteraciones en el metabolismo de la glucosa. Ya que la exposición prolongada a
contaminantes puede aumentar la resistencia a la insulina, elevar la presión
arterial y la frecuencia cardiaca, y acelerar el desarrollo de aterosclerosis y
otras enfermedades cardiovasculares —principales causas de muerte en el mundo.
Además
de la promoción de políticas de energía más limpia, los gobiernos y organismos
de salud pueden incidir en esta crisis sanitaria a través de educación e
intervenciones específicas. Por ejemplo, el artículo menciona que los
purificadores de aire portátiles pueden ser una estrategia doméstica práctica y
económica, capaz de reducir de manera aguda la exposición a PM2.5 hasta en 60%.
Una
doble amenaza para pacientes con cáncer: En el artículo de JACC:
CardioOncology, el Dr. Al-Kindi y su equipo revisaron estudios a gran escala
que analizan cómo la contaminación del aire aumenta el riesgo en quienes ya se
encuentran en una situación de vulnerabilidad: los pacientes oncológicos.
Los
investigadores hallaron que los pacientes con cáncer expuestos a altos niveles
de PM2.5 presentan una probabilidad significativamente mayor de desarrollar
enfermedades cardiovasculares —una de las principales causas de muerte no
relacionada con el cáncer en sobrevivientes.
“Los
pacientes con cáncer ya enfrentan tratamientos agresivos que generan un impacto
considerable en el corazón”, explica el experto del Hospital Houston Methodist.
“Cuando además se suma el estrés crónico derivado de la contaminación del aire,
se crea una tormenta perfecta para complicaciones cardiovasculares”.
Un
estudio de 2021, basado en los registros médicos de más de 5.5 millones de
pacientes y sobrevivientes de cáncer, encontró que un incremento de 10 µg/m³ en
la concentración de PM2.5 se asociaba con un aumento de 24% en la mortalidad
cardiopulmonar y de 31% en la mortalidad por enfermedad cardiovascular.
No
es sorprendente que los pacientes con cáncer de pulmón expuestos a niveles más
altos de contaminación mostraran las asociaciones más fuertes y consistentes
con enfermedad cardiovascular. Sin embargo, esta relación también fue
significativa en pacientes con cáncer de mama, próstata, riñón y vejiga.
El
artículo también aborda la inequidad ambiental, mostrando cómo las poblaciones
de menores ingresos y grupos minoritarios suelen enfrentar la peor calidad del
aire, lo que incrementa su riesgo tanto de cáncer como de enfermedades
cardiovasculares.
“Existe
un componente de justicia ambiental en este problema”, enfatiza el Dr.
Al-Kindi. “Las comunidades con menos recursos suelen vivir en zonas con mayor
contaminación, y eso pone a sus habitantes en mayor riesgo de padecer
enfermedades del corazón y cáncer”.
Avanzar
hacia soluciones: Aunque los hallazgos muestran un reto importante para la
salud pública mundial, el Dr. Al-Kindi considera que también representan una
oportunidad para impulsar intervenciones con impacto real.
Los
estudios buscan apoyar a reguladores y autoridades sanitarias en la promoción
de políticas que mejoren la calidad del aire, como normas más estrictas de
emisiones. Asimismo, se recomiendan acciones personales, como el uso de
cubrebocas en zonas con alta contaminación y sistemas de filtración de aire en
hogares de personas vulnerables.
“No
existe una única solución que elimine el impacto de la contaminación del aire
en la salud cardiovascular, pero la conciencia es el primer paso”, concluye el
Dr. Al-Kindi. “Nuestro objetivo es integrar la salud ambiental en las
conversaciones centrales de la cardiología y la oncología. Cuanto más
comprendamos estas conexiones, mejor podremos proteger a las poblaciones en
riesgo”.

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