CINCO RAZONES PARA CUIDAR LA SALUD FEMENINA EN 2026
El
inicio de un nuevo año suele venir acompañado de propósitos vinculados al
bienestar, aunque la salud femenina rara vez ocupa un lugar prioritario dentro
de esa lista a pesar de que los datos muestran una necesidad persistente de
atención oportuna.
Especialistas
coinciden en que integrar el cuidado de la salud como un objetivo de año nuevo
no requiere cambios radicales ni exigencias imposibles, sino información,
constancia y una relación más consciente con el propio cuerpo, entendiendo que
este cambia a lo largo de la vida y demanda cuidados distintos en cada etapa.
Datos
de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) señalan que más del 40%
de las mujeres en México no acude de manera regular a revisiones ginecológicas.
Esta
falta de seguimiento preventivo se refleja en indicadores de salud pública: el
cáncer cervicouterino continúa entre las principales causas de mortalidad
femenina, a pesar de que su detección temprana permite tasas de supervivencia
significativamente más altas, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud y
la Organización Mundial de la Salud.
Estas
cifras impactan tanto a mujeres jóvenes en edad reproductiva como a aquellas
que atraviesan etapas posteriores, lo que evidencia que la prevención no es
exclusiva de un solo momento de la vida.
La
prevención permite detectar riesgos antes de que se conviertan en problemas
mayores. La evidencia médica muestra que múltiples padecimientos pueden
identificarse en etapas tempranas cuando existe una atención periódica, incluso
en ausencia de síntomas evidentes.
Desde
la adolescencia, pasando por la etapa reproductiva, el embarazo, el posparto y
la menopausia, el seguimiento médico permite anticipar desequilibrios hormonales,
metabólicos o ginecológicos que suelen manifestarse de manera distinta según la
edad y el contexto biológico de cada mujer.
La
salud femenina requiere seguimiento continuo, no atención reactiva. Una
proporción relevante de mujeres que acuden por primera vez a consulta no había
tenido una revisión ginecológica en más de un año, aun encontrándose en edades
de alta actividad reproductiva y hormonal.
Este
patrón refleja una atención centrada en la urgencia y no en el acompañamiento
médico sostenido, lo que limita la detección oportuna de cambios que, en muchas
ocasiones, se desarrollan de forma silenciosa con el paso del tiempo.
“Pensar
la salud femenina como un propósito de año nuevo implica entenderla como un
proceso continuo, no como una acción aislada. Cuando la atención médica se
limita a reaccionar ante la urgencia, se pierde una parte fundamental del
cuidado de la salud femenina”, explica Aránzazu Canal Lavíne, Directora de
Operaciones de Grupo Reina Madre.
“Desde
una perspectiva clínica, la prevención permite observar cambios sutiles que no
siempre generan molestias inmediatas, pero que pueden aparecer en distintas
etapas de la vida y evolucionar en condiciones de mayor complejidad si no se
identifican a tiempo”, añade.
Contar
con información confiable reduce diagnósticos tardíos. La Organización Mundial
de la Salud ha señalado que la desinformación y los mitos en torno a la salud
femenina continúan siendo un factor determinante en la postergación de la
atención médica. La falta de claridad sobre estudios preventivos, periodicidad
de revisiones y riesgos específicos asociados a cada etapa de la vida influyen
directamente en la toma de decisiones y en la percepción de cuándo “es
necesario” acudir al médico.
“La
salud femenina no puede abordarse desde generalidades”, afirma Aránzazu Canal.
“El cuerpo de una mujer cambia de manera constante a lo largo de su vida, y
esos cambios están influenciados por factores hormonales, metabólicos y
biológicos que no son iguales en la adolescencia, durante la maternidad o en la
menopausia. Pensar que las mismas recomendaciones aplican de forma universal es
una de las principales limitaciones en la atención médica”.
El
cuerpo femenino cambia a lo largo de la vida y no responde a reglas
universales. Especialistas subrayan que factores como la edad, el contexto
hormonal y las condiciones metabólicas influyen de manera directa en la salud,
por lo que la atención médica debe ajustarse a cada etapa y no basarse en
esquemas homogéneos.
Integrar
el cuidado de la salud como un hábito constante, impacta directamente en la
calidad de vida. Los mayores beneficios se alcanzan cuando el autocuidado se
incorpora de forma gradual y sostenida, entendiendo que las necesidades cambian
con el tiempo y que el acompañamiento médico debe evolucionar junto con el
cuerpo.
Para
los especialistas, el comienzo del año representa una oportunidad para
replantear prioridades desde una visión preventiva. Incluir la salud femenina
como uno de los propósitos de año nuevo responde a una necesidad estructural: avanzar
hacia una atención más informada, constante y alineada con las particularidades
del cuerpo femenino en cada etapa de sus etapas.

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