EL PARKINSON PODRIA INICIAR
EN
EL INTESTINO, NO EN EL
CEREBRO
*Actualmente existe evidencia médica que
indica que el parkinson tiene síntomas digestivos años antes de los síntomas
motores típicos del Parkinson
Para
especialistas existen coincidencias entre sintomas digestivos y síntomas
motores típicos del Parkinson.
El
Dr. Eduardo Argüelles Gónzalez, especialista en medicina interna y neurología
con alta especialidad en trastornos del movimiento y enfermedades neurodegenerativas,
actual titular del Centro de trastornos de Movimiento y Neuromodulación de
Médica Sur, explicó que se han encontrado depósitos de la proteína
alfa-sinucleína (una proteína relacionada con el desarrollo de esta enfermedad)
en el plexo entérico y se ha propuesto que estos agregados podrían “viajar”
hacia el cerebro a través del nervio vago.
Esto
encaja con el hecho clínico de que muchos pacientes tienen síntomas digestivos
años antes de los síntomas motores típicos del Parkinson.
“Se
ha visto que en muchos pacientes con Parkinson aparecen depósitos de
alfa-sinucleína en el intestino y en el nervio vago, antes que en el cerebro.
En modelos animales, cuando esta proteína se acumula en el intestino, termina
alcanzando áreas cerebrales implicadas en el movimiento. Además, estudios
poblacionales muestran que quienes se sometieron a vagotomía (resección del
nervio vago) parecen tener menor riesgo de desarrollar la enfermedad. Estos
hallazgos respaldan la idea de que, al menos en algunos casos, el proceso
podría iniciarse fuera del cerebro”, afirmó el Dr. Eduardo Argüelles González.
El
intestino es un órgano inmunológico sumamente activo y alberga una enorme
comunidad de bacterias que modulan inflamación, metabolismo y producción de
neurotransmisores. En pacientes que viven con Parkinson se han descrito
alteraciones consistentes en la composición de la microbiota: disminuyen
ciertas bacterias “protectoras” y aumentan otras “proinflamatorias”. Este
desequilibrio podría favorecer un ambiente inflamatorio crónico en la pared
intestinal, facilitar la agregación de alfa-sinucleína y contribuir a que la
señal patológica se propague al sistema nervioso central.
EL SINTOMA RECONOCIDO
El
síntoma más reconocido es el estreñimiento crónico, con evacuaciones poco
frecuentes o heces muy duras. También pueden aparecer sensación de vaciamiento
incompleto, distensión abdominal, gastroparesia (digestión muy lenta, sensación
de llenura precoz) y, en algunos casos, cambios en el olfato y en la salivación
que se relacionan con esta misma vía patológica. Aislados no significan “ya
tengo Parkinson”, pero en conjunto con otros datos de sueño, ánimo y olfato
pueden ser parte de la fase prodrómica.
En
algunos estudios, el estreñimiento y otros síntomas digestivos han precedido al
diagnóstico motor entre 10 y 20 años. Es decir, el cuerpo empieza a “avisar”
mucho antes de que aparezca el temblor o la rigidez que la gente identifica con
Parkinson. Esto refuerza la idea de que la enfermedad es un proceso muy largo y
que la etapa visible en consulta es solo la punta del iceberg, comentó el
especialista en medicina interna y trastornos del movimiento.
“Hoy
en día no existe un estudio intestinal que usemos de forma rutinaria para
“predecir” Parkinson. Se han probado biopsias de colon o de mucosa rectal
buscando depósitos de alfa-sinucleína, con resultados interesantes pero todavía
variables y poco estandarizados. Por ahora, son herramientas usadas solo en
investigación; en la práctica clínica, el riesgo se evalúa mejor combinando
síntomas prodrómicos (digestivos, del sueño, del olfato) con estudios de imagen
o pruebas funcionales en casos seleccionados”, declaró el Dr. Eduardo Argüelles
González.
Una
manera de retrasar la aparición de los síntomas sería la alimentación, la cual
tiene un impacto directo sobre el intestino. Cuando comemos de forma
equilibrada, con suficiente fibra, frutas y verduras, ayudamos a mantener una
microbiota diversa y estable, que protege contra la inflamación. En cambio, una
dieta alta en alimentos procesados, azúcares y grasas saturadas altera ese
equilibrio y favorece un ambiente inflamatorio que puede influir en procesos
relacionados con el Parkinson.
“Lo
que mejor respaldo tiene es una dieta tipo mediterránea: alta en fibra, aceite
de oliva, pescado, frutos secos, verduras y frutas. A esto se suma mantener una
adecuada hidratación, actividad física regular y un buen ritmo de sueño. En
conjunto, estos hábitos ayudan a regular el tránsito intestinal, estabilizar la
microbiota y reducir inflamación sistémica, factores que se consideran
protectores para el cerebro”, asintió el especialista en trastornos del
movimiento.
NO AUTOMEDICARSE
“Por
ello, es importante no automedicarse y evitar el uso frecuente de antibióticos
ya que el uso prolongado de antibióticos puede alterar de forma notable las
bacterias que viven en el intestino y dejar cambios que tardan en recuperarse.
El estrés crónico también influye: modifica la movilidad intestinal, la
producción de moco y la respuesta inmune, lo que termina afectando ese
equilibrio. No podemos afirmar que, por sí solos, causen Parkinson, pero sí son
factores que pueden aumentar la vulnerabilidad en personas predispuestas”
externó el especialista.
Si
se confirma que en un grupo importante de pacientes el proceso comienza en el
intestino, podríamos identificar a las personas en riesgo muchos años antes de
los síntomas motores. Esto abriría la puerta a estrategias preventivas basadas
en cambios de estilo de vida, intervenciones sobre la microbiota o terapias
dirigidas al sistema nervioso entérico. También cambiaría la forma en que
explicamos la enfermedad a los pacientes: dejaríamos de verla solo como un
problema del cerebro para entenderla como una condición sistémica donde el
intestino tiene un papel protagonista.
Ante
este panorama es importante recalcar que los pacientes con Parkinson deben
tener una atención personalizada y con tratamientos individualizados que se
adapten a las necesidades de los pacientes.
“Este
enfoque también tiene implicaciones prácticas para el tratamiento. Si el
intestino puede verse afectado desde fases tempranas, es razonable valorar
terapias que no dependan de la absorción digestiva, que ayuden a sortear los
momentos en que la vía oral se vuelve poco eficaz. En esta línea, la apomorfina
particularmente en formulaciones como Dacepton ® ofrece una alternativa útil
para controlar episodios “OFF” de manera rápida y predecible. Para muchos
pacientes representa una herramienta que contempla su esquema habitual y les da
mayor estabilidad a lo largo del día”, señaló el Dr. Eduardo Argüelles
González.

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