domingo, 22 de febrero de 2026

 

PENDIENTES DE UNA LLAMADA SIN FECHA: ASÍ SE

VIVE LA ESPERA DE UN TRASPLANTE EN MÉXICO

 


 

En México, estar en la lista de espera para un trasplante no implica tener una fecha de cirugía. Es vivir pendiente de una llamada que puede no llegar a tiempo. Esa es la realidad que hoy enfrentan alrededor de 18 mil 390 personas inscritas en el Registro Nacional de Trasplantes.

Para formar parte de ese listado, el proceso es riguroso. Un médico debe diagnosticar un daño grave en el órgano y el caso es revisado por un comité hospitalario. Si es aprobado, el paciente se integra a la base del Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA). A partir de ahí comienza la espera. La asignación no depende del orden de llegada, sino de la gravedad, la urgencia y la compatibilidad.

Cada 27 de febrero se conmemora el Día Mundial del Trasplante de Órganos y Tejidos para promover la donación. Los órganos que salvan vidas dependen de la decisión informada y voluntaria de una persona. Sin una cultura de donación más sólida, la disponibilidad seguirá siendo insuficiente, señalan académicos de la UNAM.

Esta situación atraviesa a niños, mujeres y hombres como Luca, Angela, Amalia y Mao, quienes enfrentan largas hospitalizaciones, estudios, traslados y desgaste emocional. Los costos asociados también representan un obstáculo significativo para que estos procedimientos se concreten; por ello, algunas familias recurren a colectas solidarias en GoFundMe para reunir fondos que les permitan solventar los gastos.

 

     LUCA: EL CAMINO PARA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

 

Luca sólo tiene cuatro años y en 2025 recibió un trasplante de médula ósea en el que su familia depositó toda su esperanza. La llamada llegó, el procedimiento se realizó, pero su cuerpo rechazó el injerto. Hoy depende de que ese teléfono suene otra vez.

“Este largo y doloroso camino nos ha rebasado tanto emocional como económicamente (...) Hoy nos encontramos muy complicados frente al costo de esta nueva oportunidad de vida”, explican sus padres, Linda y Gabriel. Por ello, lanzaron la campaña “Luca no se rinde, nosotros tampoco: Juntos por su trasplante”, con una meta de un millón de pesos.

En los últimos días, el pequeño ha tenido fiebre de hasta 38.6 grados. Los médicos detectaron un nódulo en su hígado y practicaron una biopsia para determinar si la causa es un hongo o una bacteria y darle el tratamiento adecuado.

“Poder tratarlo es un paso vital, ya que si no logramos atacar y erradicar esta infección en el nódulo, no puede avanzar hacia su trasplante”, lamentan sus padres. La Clínica Mayo advierte que los pacientes deben mantenerse lo más sanos posibles para entrar al quirófano y resistir la recuperación.

Pese al tiempo que lleva internado en la Ciudad de México, Luca irradia alegría y ternura. Dedica toda su energía a fortalecer los músculos debilitados y ha comenzado a recuperar el apetito. Para sus padres, cada sonrisa es el impulso para seguir en este camino.

 

        ANGELA: SOBREVIVIR DESDE EL PRIMER LATIDO

 

A más de 900 kilómetros de distancia, en Monterrey, Nuevo León, la profesora Angela Garza se prepara para un trasplante de corazón. Nació con una enfermedad congénita que no fue corregida por completo y hoy padece una insuficiencia cardiaca grado IV (NYHA).

Para ello, los médicos del ISSSTE buscan optimizar su salud con medicamentos, rehabilitación y el cambio de su marcapasos. Además, debe tener apoyo psicológico. Sus pasiones como la lectura, la escritura y el teatro le han ayudado a gestionar sus emociones durante este proceso tan complejo.

En medio de la incertidumbre, Angela mantiene una convicción clara sobre la donación de órganos: “Es un gran acto de amor y compasión. Su vida física trasciende y siguen presentes de una forma loable y generosa. Si me donan su corazón podría cumplir alguno de los sueños que les quedó pendiente”.

La mujer, de 41 años, desea comer sin cansarse, conversar sin que le falte el aire y conseguir otro trabajo para costear sus tratamientos. En tanto, mantiene activa la campaña “Esperanza en cada latido: juntos por Angela”, para recaudar un millón de pesos.

Cuando reciba su nuevo corazón, Angela quiere convertir su experiencia en acompañamiento para otros. Ha pensado en formar un grupo de apoyo, e incluso una fundación, para niños con cardiopatías congénitas y sus familias. También quiere escribir un libro para compartir lo que ha aprendido y visibilizar esta condición.

 

            AMALIA Y MAO: CUIDAR DE QUIENES CUIDAN

 

Desde hace dos años, la vida de Amalia depende de un hígado. Hace poco su familia creyó que el momento había llegado, apareció un donador y fue ingresada al hospital, pero la cirugía no se concretó. “Han sido años muy duros: hospitales, estudios, tratamientos y una espera larga y agotadora”, explica su hijo, Alan Dura Quintana.

Ella es una de las 190 personas que actualmente requieren un hígado en México. En estos casos, el órgano puede provenir de un donante en vida —cuando alguien decide ceder un segmento— o de una persona fallecida, siempre que sea compatible, según el CENATRA.

La situación ha puesto a prueba a esta familia poblana, ya que Amalia siempre ha sido el pilar que cuidó de todos. Mientras se abre una nueva posibilidad, impulsan la colecta “Luchando por la vida de Amalia: ayúdanos con su trasplante”, con una meta de 800 mil pesos para afrontar los gastos acumulados y estar preparados.

Mao Becerra, en Guadalajara, atraviesa un escenario similar. Tras un año enfrentando una enfermedad de causa desconocida, ya forma parte de la lista nacional y puede ser llamado en cualquier momento.

Sus requeridos afirman que durante años acompañó a jóvenes, familias y empresarios a través de grupos de apoyo y charlas; hoy es él quien necesita respaldo. Mediante la campaña “Ayudemos a Mao a lograr su trasplante de hígado” buscan reunir 250 mil pesos para cubrir honorarios médicos y medicamentos indispensables para la cirugía y la recuperación.

Otras campañas que buscan apoyar este tipo de causas son “Ayuda para gastos de trasplante de Médula Jessica García”, impulsada desde Sonora tras un diagnóstico de leucemia mieloide crónica que la obliga a recibir atención fuera de su estado, y “Apóyame a recuperar mi vida: Trasplante de riñón urgente”, promovida en BC por Johanna Arellano, quien vive con insuficiencia renal crónica y espera un donante compatible.

     La brecha entre quienes necesitan y quienes deciden donar: Detrás de cada caso hay una realidad estructural. En México, la lista de espera crece a un ritmo que la generosidad social aún no alcanza a cubrir, debido a una cultura de la donación limitada.

Según Germán Palafox Palafox y Mariana Baez, académicos de la UNAM, entre los principales factores que influyen en esta decisión están:

         La falta de información sobre el proceso

         Desconfianza en las instituciones

         Creencias religiosas

Antes de la pandemia de Covid-19, el país registraba cerca de 50 trasplantes por millón de habitantes, una cifra que mostraba avances en la disponibilidad de órganos.

Sin embargo, la crisis sanitaria impactó de forma significativa estos procedimientos y en 2024 la tasa cayó a alrededor de 25 por millón, muy por debajo de países como España, Estados Unidos y Canadá, que superan los 100 por millón.

     Radiografía nacional: el estado actual de los trasplantes: De acuerdo con el Registro Nacional de Trasplantes (RNT), hasta el 20 de febrero, 18 mil 890 personas permanecen en lista de espera. La demanda se distribuye de la siguiente manera:

               Riñón: 16,044

               Córnea: 2,121

               Hígado: 190

               Corazón: 18

               Hígado-Riñón: 10

               Riñón-Páncreas: 6

               Páncreas: 1

     Capacidad y potencial del sistema: En el país se realizan alrededor de 7 mil trasplantes al año (CENATRA).

El 85% de ellos se hace en el sector público y 15% en el sector privado (CENATRA)

En lo que va de 2026, se han concretado 813 trasplantes, de los cuales el 93.6% corresponden a córneas y riñones (RNT)

Un donador fallecido puede salvar hasta siete vidas (INSP)

La donación en vida puede beneficiar hasta a 50 personas (INSP)

La edad no es impedimento para donar tras fallecer: puede ir de 2 a 80 años, siempre que los órganos sean viables (CENATRA).

 

 

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