MIGRAÑA, EL DOLOR QUE APRENDIMOS
A NORMALIZAR
Afecta
a millones de personas y, aún así, buena parte de lo que significa vivir con
migraña permanece invisible. No solo porque el dolor no se ve, sino porque
muchas veces ocurre mientras la vida continúa. Hay que trabajar, manejar,
cuidar a alguien, cumplir pendientes o simplemente llegar al final del día.
Y
es precisamente en esa rutina donde pueden aparecer algunos de sus detonadores.
El estrés, las luces brillantes, los ruidos fuertes, pasar muchas horas sin
comer, la deshidratación o dormir poco pueden desencadenar episodios en algunas
personas. Un trayecto entre tráfico y ruido, una jornada intensa de trabajo o
una noche de poco descanso pueden parecer situaciones completamente cotidianas,
pero también convertirse en pistas para entender por qué el dolor aparece o se
repite.
En
México, alrededor del 15% de la población vive con migraña. Además, el
padecimiento afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Datos de la
Secretaría de Salud señalan una relación aproximada de tres mujeres por cada
hombre, diferencia que se ha relacionado, entre otros factores, con las
fluctuaciones hormonales, particularmente del estrógeno.
Sin
embargo, reconocer lo que puede detonar un episodio es solo una parte del
problema. También importa qué hacemos cuando el dolor aparece. Solo 8% acude
con un especialista en neurología, 38% busca atención con un médico internista,
general o familiar y 54% se automédica o recurre a remedios caseros, de acuerdo
con información de la Secretaría de Salud.
Los
números ayudan a explicar una realidad más amplia. Podemos acostumbrarnos tanto
a identificar el dolor como parte de nuestra rutina que dejamos de observar qué
lo rodea, con qué frecuencia aparece o si algo ha cambiado. Hemos aprendido a
vivir con él antes que a preguntarnos por qué se repite.
En
el marco del Día de Acción contra la
Migraña, que se conmemora cada 12 de septiembre, la fecha abre una
oportunidad para mirar más allá del dolor y poner atención en aquello que, por
cotidiano, hemos terminado por normalizar.
Cuando
el dolor tiene nombre, pero aún no diagnóstico: Un dolor de cabeza puede
tener múltiples causas y no todos son migraña. Sin embargo, la falta de
diagnóstico también forma parte de esta historia.
Un
estudio realizado entre 77,855 mujeres mexicanas encontró una prevalencia de
migraña a lo largo de la vida de 19%. Entre quienes cumplían con los criterios
para identificarla, apenas 45.1% había recibido previamente un diagnóstico. Es
decir, más de la mitad no contaba con uno.
Hablar
de autocuidado también implica reconocer cuándo algo que consideramos cotidiano
empieza a repetirse con demasiada frecuencia y buscar un diagnóstico y
orientación médica adecuados para tomar decisiones informadas sobre nuestra
salud.
“En
consulta vemos que muchas personas consideran que tienen la migraña bajo
control porque han encontrado una forma de aliviar el dolor cuando aparece. Sin
embargo, controlar un episodio y controlar la enfermedad no son necesariamente
lo mismo. Cuando los ataques se vuelven más frecuentes, cambian de patrón o
empiezan a requerir tratamiento con mayor regularidad, es importante evaluarlo.
La evolución de la migraña también se mide por lo que ocurre entre un episodio
y otro”, señala la Dra. Tania Stephenson, Medical Manager Bayer México.
El
impacto que no siempre se ve: La migraña no siempre obliga a detener el
día. Muchas personas continúan con sus actividades a pesar de los síntomas. En
el ámbito laboral, esto se conoce como presentismo, cuando una persona sigue
trabajando, pero lo hace con una capacidad reducida.
Que
el dolor no sea visible también puede facilitar que se minimice. Un análisis
del estudio OVERCOME realizado en Estados Unidos, con 59,001 personas con
migraña activa, encontró que 31.7% experimentaba estigma relacionado con la
enfermedad de manera frecuente o muy frecuente. Frases como “es solo un dolor
de cabeza” o “seguro es estrés” pueden contribuir a normalizar un padecimiento
que afecta la vida cotidiana.
Con
el tiempo, incluso quien vive con los episodios puede asumir esa percepción y
considerar habitual cancelar planes, evitar ciertos estímulos o simplemente
soportar el dolor. No debemos normalizarlo ni acostumbrarnos a vivir con dolor
o a reorganizar constantemente nuestra vida alrededor de los episodios de
migraña. Prestar atención a cuándo aparecen, qué los rodea y cuáles podrían ser
nuestros detonadores puede ayudarnos a conocer mejor el padecimiento y, con
orientación adecuada, encontrar mejores formas de atenderlo.
Del
alivio al manejo responsable: Aliviar un episodio de migraña es importante.
El dolor no tendría que convertirse en algo que simplemente soportamos mientras
interfiere con nuestras actividades y calidad de vida. El autocuidado también
implica saber qué hacer cuando aparece y contar con opciones adecuadas para
aliviarlo.
Existen
distintas alternativas y algunas formulaciones combinan un analgésico con
cafeína. En estos medicamentos, la cafeína puede actuar como coadyuvante del
analgésico y potenciar su efecto para aliviar el dolor. Conocer los principios
activos, para qué están indicados y cómo utilizarlos permite tomar decisiones
informadas y hacer un uso responsable de los medicamentos.
“Cuando
hablamos de una combinación analgésica, es importante entender que cada
componente cumple una función dentro de la formulación. En el caso de la
cafeína, su presencia no responde únicamente a su efecto estimulante, sino a su
papel como coadyuvante del analgésico. Por eso, conocer qué contiene un
medicamento y utilizarlo de acuerdo con su indicación también forma parte de un
manejo responsable del dolor”, explica la Dra. Stephenson.
Pero
el autocuidado no termina cuando el dolor desaparece. También implica observar
cómo se comportan los episodios con el tiempo y reconocer cuándo es necesario
acudir al médico. La frecuencia, duración e intensidad del dolor, la aparición
de otros síntomas o la necesidad de recurrir a medicamentos cada vez con mayor
regularidad son señales a las que conviene prestar atención.
La
frecuencia es especialmente importante. Cuando el dolor de cabeza aparece 15 o
más días al mes durante más de tres meses y, al menos en ocho de esos días,
presenta características de migraña, puede tratarse de migraña crónica. El
diagnóstico debe realizarlo un profesional de la salud y existen tratamientos
que pueden ayudar a reducir la frecuencia de los episodios y establecer una
estrategia de manejo adecuada para cada persona.
Llevar
un registro puede ser una herramienta útil. Anotar cuándo aparece el dolor,
cuánto dura, qué síntomas lo acompañan, qué estaba ocurriendo antes y cuáles
podrían ser nuestros detonadores puede ayudar a reconocer patrones y aportar
información valiosa durante una consulta médica.
También
hay dolores de cabeza que requieren atención médica inmediata: Un dolor
súbito y extremadamente intenso, o uno acompañado de fiebre y rigidez de
cuello, confusión, convulsiones, visión doble, debilidad, entumecimiento o
dificultad para hablar son algunas señales de alarma. También es importante
buscar atención ante un dolor de cabeza que aparece después de un golpe en la
cabeza.
Quizá
valga la pena, entonces, cambiar la pregunta. En lugar de pensar “¿cuánto dolor
puedo aguantar?”, comenzar a preguntarnos “¿qué puedo hacer para atenderlo
adecuadamente?”.
Porque
vivir con migraña no debería significar organizar nuestra vida alrededor del
próximo episodio. El dolor merece atención, no resignación.

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