viernes, 4 de septiembre de 2026

 

¿ESTAMOS CRIANDO ADOLESCENTES

 QUE YA NO SABEN ESTAR SOLOS?


 

*La necesidad de conexión detrás de las pantallas

 

 

Nunca había sido tan fácil estar en contacto con otras personas. Un mensaje, una publicación, un video o una conversación con una inteligencia artificial están disponibles prácticamente en cualquier momento. Sin embargo, esta posibilidad permanente de conexión no necesariamente ha reducido la sensación de soledad, especialmente entre adolescentes y jóvenes.

   ¿Qué buscamos cuando estamos permanentemente conectados?: La pregunta, desde el psicoanálisis, va más allá de cuánto tiempo pasan frente a una pantalla. ¿Qué ocurre cuando el silencio, el aburrimiento o la soledad se vuelven experiencias difíciles de tolerar y necesitamos llenarlas inmediatamente con contenido, conversaciones o notificaciones?

El fenómeno también puede observarse en el creciente uso de herramientas de inteligencia artificial como espacios para hablar de problemas personales. Una encuesta sobre los usos y percepciones de la IA generativa en instituciones de educación superior en México reportó que 9% de los estudiantes recurre a estas herramientas para expresar emociones, buscar orientación o sentirse acompañado.

Para la Dra. Rocío Arocha, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, este fenómeno obliga a mirar más allá de la tecnología. “Lo leo como una falta muy lamentable de escucha, de los adultos, de no darle a los jóvenes los espacios para pensar, para analizar”, señaló recientemente al hablar sobre el uso de la inteligencia artificial por parte de los jóvenes.

   Estar conectado no es lo mismo que sentirse acompañado: Desde esta perspectiva, el problema no consiste simplemente en demonizar las redes sociales, el celular o la inteligencia artificial. La cuestión es qué lugar ocupan dentro de la vida emocional de una persona y qué sucede cuando se convierten en el recurso principal para enfrentar la angustia, la tristeza, el aburrimiento o la incertidumbre.

“Más que preguntarnos si una inteligencia artificial puede sustituir a un terapeuta, tendríamos que preguntarnos por qué tantas personas sienten que no tienen con quién hablar”, ha planteado Arocha.

La reflexión resulta especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa en la que la construcción de la identidad, la necesidad de pertenecer y la búsqueda de autonomía hacen particularmente importante contar con vínculos en los que sea posible expresar dudas, contradicciones y emociones sin sentirse juzgado.

Uno de los riesgos de la hiperconectividad es confundir la cantidad de interacción con la profundidad del vínculo. Tener cientos de contactos, recibir mensajes constantemente o permanecer activo en redes sociales no garantiza contar con alguien con quien hablar de aquello que realmente preocupa.

   Recuperar el espacio para escuchar: Para el psicoanálisis, ser escuchado no significa necesariamente recibir una respuesta inmediata o que alguien confirme que tenemos razón. En ocasiones, el valor de una conversación está precisamente en poder detenerse, pensar y tolerar cierta incomodidad antes de encontrar una respuesta.

La pregunta entonces no es solamente cuánto tiempo pasan los adolescentes en internet, sino qué están encontrando —y qué están dejando de encontrar— fuera de la pantalla.

Frente a una generación que crece rodeada de estímulos, respuestas instantáneas y posibilidades ilimitadas de conexión, recuperar espacios de conversación sin prisas puede ser tan importante como establecer límites al uso de los dispositivos. Escuchar implica algo que ninguna notificación puede garantizar: estar verdaderamente disponible para el otro.

   “No hay modo de sustituir la presencia humana”, ha señalado Arocha: Para padres, madres y otros adultos cercanos, el desafío no es únicamente preguntarse cuánto tiempo pasa un adolescente frente al celular, sino si sabe que puede acudir a ellos cuando necesita hablar, incluso cuando no tiene una solución o las palabras para expresar lo que le ocurre.

La hiperconectividad puede ser una característica de nuestra época. Pero la necesidad de ser escuchados sigue siendo profundamente humana.

 

 

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