¿ESTAMOS CRIANDO ADOLESCENTES
QUE YA NO SABEN ESTAR SOLOS?
*La necesidad de conexión detrás de las
pantallas
Nunca
había sido tan fácil estar en contacto con otras personas. Un mensaje, una
publicación, un video o una conversación con una inteligencia artificial están
disponibles prácticamente en cualquier momento. Sin embargo, esta posibilidad
permanente de conexión no necesariamente ha reducido la sensación de soledad,
especialmente entre adolescentes y jóvenes.
¿Qué
buscamos cuando estamos permanentemente conectados?: La pregunta, desde el
psicoanálisis, va más allá de cuánto tiempo pasan frente a una pantalla. ¿Qué
ocurre cuando el silencio, el aburrimiento o la soledad se vuelven experiencias
difíciles de tolerar y necesitamos llenarlas inmediatamente con contenido,
conversaciones o notificaciones?
El
fenómeno también puede observarse en el creciente uso de herramientas de
inteligencia artificial como espacios para hablar de problemas personales. Una
encuesta sobre los usos y percepciones de la IA generativa en instituciones de
educación superior en México reportó que 9% de los estudiantes recurre a estas
herramientas para expresar emociones, buscar orientación o sentirse acompañado.
Para
la Dra. Rocío Arocha, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, este
fenómeno obliga a mirar más allá de la tecnología. “Lo leo como una falta muy
lamentable de escucha, de los adultos, de no darle a los jóvenes los espacios
para pensar, para analizar”, señaló recientemente al hablar sobre el uso de la
inteligencia artificial por parte de los jóvenes.
Estar
conectado no es lo mismo que sentirse acompañado: Desde esta perspectiva,
el problema no consiste simplemente en demonizar las redes sociales, el celular
o la inteligencia artificial. La cuestión es qué lugar ocupan dentro de la vida
emocional de una persona y qué sucede cuando se convierten en el recurso
principal para enfrentar la angustia, la tristeza, el aburrimiento o la
incertidumbre.
“Más
que preguntarnos si una inteligencia artificial puede sustituir a un terapeuta,
tendríamos que preguntarnos por qué tantas personas sienten que no tienen con
quién hablar”, ha planteado Arocha.
La
reflexión resulta especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa en
la que la construcción de la identidad, la necesidad de pertenecer y la
búsqueda de autonomía hacen particularmente importante contar con vínculos en
los que sea posible expresar dudas, contradicciones y emociones sin sentirse
juzgado.
Uno
de los riesgos de la hiperconectividad es confundir la cantidad de interacción
con la profundidad del vínculo. Tener cientos de contactos, recibir mensajes
constantemente o permanecer activo en redes sociales no garantiza contar con
alguien con quien hablar de aquello que realmente preocupa.
Recuperar
el espacio para escuchar: Para el psicoanálisis, ser escuchado no significa
necesariamente recibir una respuesta inmediata o que alguien confirme que
tenemos razón. En ocasiones, el valor de una conversación está precisamente en
poder detenerse, pensar y tolerar cierta incomodidad antes de encontrar una
respuesta.
La
pregunta entonces no es solamente cuánto tiempo pasan los adolescentes en
internet, sino qué están encontrando —y qué están dejando de encontrar— fuera
de la pantalla.
Frente
a una generación que crece rodeada de estímulos, respuestas instantáneas y
posibilidades ilimitadas de conexión, recuperar espacios de conversación sin
prisas puede ser tan importante como establecer límites al uso de los
dispositivos. Escuchar implica algo que ninguna notificación puede garantizar:
estar verdaderamente disponible para el otro.
“No
hay modo de sustituir la presencia humana”, ha señalado Arocha: Para
padres, madres y otros adultos cercanos, el desafío no es únicamente
preguntarse cuánto tiempo pasa un adolescente frente al celular, sino si sabe
que puede acudir a ellos cuando necesita hablar, incluso cuando no tiene una
solución o las palabras para expresar lo que le ocurre.
La
hiperconectividad puede ser una característica de nuestra época. Pero la
necesidad de ser escuchados sigue siendo profundamente humana.

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