jueves, 3 de septiembre de 2026

 

REGRESO A CLASES: MÁS ALLÁ DE LA MOCHILA,

¿CÓMO AYUDAR A LOS NIÑOS A VOLVER?

 


 

El regreso a clases suele venir acompañado de emoción: reencontrarse con amigos, conocer maestros, estrenar cuadernos y comenzar una nueva etapa. Pero para muchos niños también puede traer nervios, incertidumbre e incluso miedo.

Un nuevo salón, cambios en el grupo de amigos, mayores exigencias académicas o simplemente volver a separarse de casa después de las vacaciones pueden generar sentimientos que no siempre saben cómo expresar.

Por eso, además de preparar uniformes y útiles escolares, vale la pena preguntarnos: ¿cómo se siente mi hijo ante el regreso a clases?

     Escuchar antes de solucionar: Cuando un niño expresa que no quiere regresar a la escuela o que algo le preocupa, nuestra primera reacción puede ser tratar de tranquilizarlo rápidamente: “No pasa nada”, “te va a ir muy bien” o “vas a ver que en unos días se te quita”.

Aunque se diga con la mejor intención, es importante darle primero espacio para explicar lo que siente.

Preguntas sencillas pueden abrir la conversación:

    ¿Qué es lo que más te emociona de regresar?

    ¿Hay algo que te preocupe?

    ¿Con quién te gustaría estar este año?

    ¿Hay algo en lo que crees que necesitas ayuda?

No siempre es necesario tener inmediatamente una respuesta o una solución. Muchas veces, saber que pueden hablar sin ser juzgados ya les brinda seguridad.

     Observar lo que no dicen: Los niños no siempre expresan sus preocupaciones con palabras. Algunos pueden mostrar cambios en el sueño o el apetito, irritabilidad, dolores de cabeza o de estómago, mayor necesidad de estar cerca de sus padres o resistencia a prepararse para ir a la escuela.

Una cierta dosis de nervios ante un cambio es normal. Lo importante es observar la intensidad, la duración y cuánto interfiere con su vida cotidiana.

     Recuperar las rutinas poco a poco: Después de las vacaciones, volver de golpe a horarios estrictos puede resultar difícil. Recuperar gradualmente las horas habituales para dormir, despertar, comer y realizar actividades ayuda a que el cuerpo y la mente se adapten nuevamente al ritmo escolar.

Dormir suficientemente también es fundamental para la concentración, el aprendizaje y la regulación de las emociones.

     Evitar transmitir nuestras propias expectativas: “Este año tienes que sacar mejores calificaciones” o “ahora sí tienes que esforzarte más” pueden parecer frases motivadoras, pero justo antes de comenzar las clases también pueden aumentar la presión.

El inicio del ciclo escolar puede ser una buena oportunidad para cambiar la conversación: además de preguntar por las calificaciones, interesarnos por cómo se sienten, qué están aprendiendo, qué disfrutan y qué les está costando trabajo.

     ¿Cuándo conviene pedir ayuda?: Si el miedo o la ansiedad son intensos, persisten con el paso de los días, provocan síntomas físicos frecuentes, afectan el sueño o hacen que el niño evite constantemente asistir a la escuela o participar en actividades que antes disfrutaba, es importante conversar con su pediatra o con un profesional de salud mental infantil.

     Un buen regreso a clases también empieza en casa: Preparar a los niños para volver a la escuela no significa eliminar todos sus nervios. Significa ayudarlos a entender que pueden hablar de lo que sienten, pedir ayuda cuando la necesitan y enfrentar los cambios acompañados.

Este regreso a clases, además de preguntar “¿ya tienes todo listo?”, quizá vale la pena agregar otra pregunta:

        “¿Cómo te sientes con volver a la escuela?”

La respuesta puede decirnos mucho más de lo que imaginamos.

 

 

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