¿EL BOTOX PARA LA VEJIGA
HIPERACTIVA
ES ADECUADA PARA TI?
¿Sientes
que tu vejiga controla tu vida? Orinar con mucha frecuencia, tener una urgencia
urinaria repentina y con poco aviso, o incluso presentar escapes de orina,
puede indicar que tienes vejiga hiperactiva (OAB, por sus siglas en inglés).
También conocida como incontinencia de urgencia, la vejiga hiperactiva es
común, pero no tienes que vivir con preocupación constante ni interrupciones en
tu día a día.
El
bótox vesical o de vejiga, es un tratamiento eficaz, tanto para personas que
sufren vejiga hiperactiva por envejecimiento, problemas neurológicos, diabetes,
secundaria a embarazos, o bien que hayan recibido tratamiento por cáncer de
próstata, colon, cuello uterino o útero, así como para quienes tienen una
condición de salud subyacente que provoca micción frecuente.
“No
queremos que las personas simplemente acepten la vejiga hiperactiva como un
efecto secundario del tratamiento contra el cáncer o por cualquier otra
condición”, señala la Dra. Rose Khavari, uróloga del Hospital Houston
Methodist. “Con el bótox vesical, es posible retomar actividades como viajar o
ir al cine sin preocupación”.
Se
trata de un procedimiento corto y seguro, que puede mejorar de manera
significativa la calidad de vida. La Dra. Khavari comparte lo que las personas
con vejiga hiperactiva deben saber sobre el bótox vesical.
La
vejiga hiperactiva no es una parte “normal” del envejecimiento: “Observamos
vejiga hiperactiva en aproximadamente el 30 % de los hombres y hasta en el 40 %
de las mujeres”, señala la Dra. Khavari. “Muchas personas piensan que es una
señal normal del envejecimiento, pero no lo es”.
La
condición prostática asociada con la edad es la hiperplasia prostática benigna
(HPB), causada por el agrandamiento de la próstata. La vejiga hiperactiva, en
cambio, es consecuencia de un mal funcionamiento de los nervios.
En
una vejiga sana, los músculos y los nervios son flexibles, lo que permite que
la orina se acumule hasta el momento adecuado. Cuando se llega al baño, el
cerebro envía la señal a los músculos de la vejiga para liberar la orina.
“En
la vejiga hiperactiva, los músculos de la vejiga están demasiado tensos”,
explica la Dra. Khavari. “Los nervios envían señales insistentes de ‘tengo que
ir, tengo que ir’ al cerebro antes de que sea el momento y el lugar adecuados.
Los músculos de la vejiga comienzan a tener espasmos y ya no es posible
contener la orina”.
Los
síntomas de la vejiga hiperactiva no son dolorosos, pero sí incómodos y
preocupantes:
Necesidad
de ir al baño más de ocho veces al día
Despertares
frecuentes durante la noche para orinar
Poco
o ningún aviso previo antes de la urgencia por orinar
Apenas
llegar al baño antes de que se produzca la micción
La
vejiga hiperactiva a veces es un síntoma o efecto secundario de otra condición
de salud. Por ejemplo, es frecuente en pacientes que han recibido radioterapia
o cirugía por cáncer de próstata, colon, cuello uterino o útero. También se
asocia con trastornos neurológicos o musculares, como la esclerosis múltiple o
la enfermedad de Parkinson, así como con lesiones de la médula espinal. Además,
se ha vinculado con la diabetes tipo 2 y con cambios hormonales, como los que
ocurren durante la menopausia.
El
bótox puede relajar los nervios que generan la urgencia: El término bótox
es la forma abreviada de onabotulinum toxin. Se trata, en realidad, de una
proteína tóxica producida por la bacteria Clostridium botulinum; sin embargo,
cuando esta proteína se aísla y se utiliza en dosis pequeñas, puede ayudar a
relajar músculos y células nerviosas.
“Es
el mismo tipo de compuesto que se utiliza en procedimientos estéticos para
relajar los músculos que provocan las arrugas faciales”, señala la especialista
del Hospital Houston Methodist. “En urología lo usamos para calmar de manera
temporal los músculos y las terminaciones nerviosas de la vejiga”.
Después
de la inyección de bótox, la vejiga adquiere una mayor capacidad para retener
la orina durante más tiempo, lo que permite llegar al baño sin que ocurra un
escape.
“Curiosamente,
en las resonancias magnéticas cerebrales podemos ver con claridad la diferencia
en el cerebro antes y después de una inyección de bótox en la vejiga”, explica
la Dra. Khavari. “Ayuda tanto a los nervios de la vejiga como a la forma en que
el cerebro interpreta las señales que provienen de esos nervios”.
La
terapia con bótox es segura y eficaz Aunque puede sonar peligroso utilizar una
toxina como tratamiento médico, décadas de investigación muestran que la
terapia con bótox para la vejiga hiperactiva es altamente eficaz y segura, con
pocos efectos secundarios. Para mujeres que por embarazo presenten vejiga
hiperactiva, se puede evaluar la realización del procedimiento post parto, solo
si el problema persiste. Nota importante: Durante el embarazo no se debe
aplicar nunca la toxina (bótox).
“El
bótox ha sido aprobado para distintos tipos de vejiga hiperactiva desde hace
casi 15 años”, apunta la Dra. Khavari. “Contamos con datos suficientes para
recomendarlo a nuestros pacientes, y se tolera increíblemente bien”.
Las
personas que más se benefician del bótox suelen ser aquellas que han probado
cambios en la alimentación, terapia de piso pélvico y/o medicamentos orales sin
obtener buenos resultados.
“Uno
de los mayores beneficios del bótox vesical es que su acción es localizada”,
detalla la Dra. Khavari. “Lo inyectamos únicamente en la vejiga, lo que evita
los efectos secundarios de los medicamentos orales que actúan en todo el
cuerpo”.
Es
posible que el bótox vesical no sea una opción adecuada si se toman
anticoagulantes o si se presentan infecciones urinarias frecuentes. En caso de
duda, el urólogo consultará con el equipo médico para determinar si el
procedimiento es viable.
El
bótox vesical es un procedimiento corto y ambulatorio Casi todos los
procedimientos de bótox vesical se realizan en el consultorio de urología. El
urólogo pedirá que se llegue bien hidratado a la cita.
Ya
en la sala de procedimientos, la persona se recuesta en una camilla de
exploración convencional. El urólogo aplica primero anestesia local: un gel de
lidocaína en la uretra y una solución líquida de lidocaína dentro de la vejiga.
En aproximadamente 10 minutos, la uretra y la vejiga quedan completamente
adormecidas, por lo que no se siente dolor.
“El
procedimiento es muy corto, dura menos de un minuto”, señala la Dra. Khavari.
“Utilizamos una pequeña cámara endoscópica para guiar la colocación de las
inyecciones. Incluso es posible observar el procedimiento en el monitor si así
se desea. Explicamos lo que estamos viendo y exactamente lo que estamos
haciendo”.
Como
no se utiliza anestesia general, no es necesario acudir acompañado y es posible
manejar de regreso a casa después del procedimiento.
Tras
el procedimiento, puede presentarse una ligera molestia en la uretra o en la
vejiga, así como un poco de sangre en la orina. Estos efectos suelen
desaparecer en aproximadamente una hora o después de una o dos micciones.
“Si
es la primera vez que se recibe bótox, generalmente programamos una cita de
seguimiento unas dos semanas después del procedimiento”, comenta la Dra.
Khavari. “Nuestra enfermera practicante o asistente médico verifica que la
vejiga se vacíe por completo y confirma que no exista infección”.
Los
resultados del tratamiento son duraderos El bótox vesical no ofrece alivio
inmediato. Sin embargo, entre una y dos semanas después del procedimiento, la
mayoría de las personas comienza a notar una mejoría en los síntomas.
“Cuando
el bótox empieza a hacer efecto, prácticamente puedes olvidarte de la vejiga
durante varios meses”, señala la Dra. Khavari. “Es un cambio radical en los
síntomas y una mejora enorme en la calidad de vida”.
A
diferencia del bótox cosmético, cuyo efecto suele desaparecer después de unos
tres meses, el tratamiento en la vejiga dura considerablemente más tiempo. La
mayoría de los pacientes experimenta una remisión de los síntomas durante seis
a nueve meses. Algunos solo necesitan inyecciones de refuerzo una vez al año.
“Realmente
animo a los pacientes a hablar con su médico sobre la vejiga hiperactiva”,
finaliza la experta del Hospital Houston Methodist. “Tenemos el conocimiento y
las herramientas para adaptar el tratamiento a cada persona y a sus síntomas
específicos”.

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