FORTALECER A LA FAMILIA ES
LA CLAVE PARA
PREVENIR ADICCIONES EN NIÑOS
Y ADOLESCENTES
Cuando
se habla de adicciones, la atención suele centrarse casi exclusivamente en la
persona que consume. Sin embargo, la prevención comienza mucho antes y en un
lugar más cercano: la familia. El espacio donde se aprenden formas de
relacionarse, de manejar las emociones, de solucionar los conflictos y
descubrir el sentido de la vida.
El
consumo de cualquier droga alguna vez en la vida en jóvenes de 12 a 17 años
pasó de 6.4% en 2016 a 4.7% en 2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional de
Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025. En el caso de drogas
ilegales, la prevalencia disminuyó de 6.2% a 4.1% en el mismo periodo.
Sin
embargo, el consumo en el último año se ha mantenido prácticamente sin cambios,
con una prevalencia de 2.5% en 2025, lo que indica que el problema persiste en
etapas tempranas y sigue requiriendo atención sostenida.
“Uno
de los errores más frecuentes en prevención es reducirla a información,
advertencias o prohibiciones. Informar es importante, pero no suficiente. El
verdadero punto de partida está en el entorno: en la familia, en la forma en
que se gestionan las emociones y en la calidad de los vínculos”, señala Juan
Esteban Gutiérrez Manzano, logoterapeuta y especialista en atención a
familiares de personas enfermas de adicción.
El
especialista subraya que muchos adolescentes que experimentan con drogas lo
hacen en contextos donde existen vacíos emocionales o afectivos, falta de comunicación
o ausencia de herramientas para enfrentar el estrés, la frustración o la
presión social.
Iniciar
el consumo en edades tempranas, incrementa la probabilidad de desarrollar
dependencia en la adultez, así como problemas asociados a la salud mental, de
acuerdo con la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC) y la
Secretaría de Salud.
En
2025, la droga ilegal más consumida entre adolescentes sigue siendo el cannabis
(3.7% alguna vez en la vida y 1.9% en el último año), seguida por cocaína
(0.9%) e inhalables (0.6%).
Prevención
real desde el acompañamiento: Para Gutiérrez Manzano, uno de los
principales errores es abordar el tema desde el miedo o el castigo.
“Cuando
un niño o adolescente experimenta con drogas, muchas veces la reacción es inmediata:
castigar, prohibir o negar. El miedo por lo general se convierte en violencia.
Pero lo que más necesita en ese momento es contención, escucha y guía. Lo
principal es investigar qué vacío o inseguridad llevó al menor al consumo. Sin
eso, el problema no desaparece, solo se oculta”, comenta.
El
especialista apunta a que la familia puede ser tanto un factor de riesgo como
un espacio de soporte, siempre y cuando el acompañamiento se dé desde los
límites, el respeto y no desde la culpa o la sobreprotección.
“Fortalecer
el papel de la familia implica abandonar la lógica de la culpa. Buscar
responsables solo genera defensas y bloquea los procesos de cambio y
comprensión. En lugar de eso, es necesario adoptar una mirada de
corresponsabilidad: cada miembro influye en el sistema y todos pueden
participar en su transformación”, señala. “La familia no necesita ser perfecta,
no hay familias perfectas, los integrantes
necesitan ser conscientes, participar en la interacción.
¿Qué
pueden hacer padres y cuidadores?: De acuerdo con especialistas y
autoridades de salud, algunas acciones clave para prevenir y atender el consumo
en menores incluyen:
1.- Fomentar comunicación abierta y
constante sobre emociones, presión social y consumo sin estigmas.
2.- Detectar señales tempranas de cambios de
conducta, aislamiento o alteraciones emocionales y en el entorno y amistades de
los hijos.
3.- Establecer límites claros.
4.- Evitar respuestas punitivas inmediatas.
5.- Buscar apoyo profesional.
“Mientras
sigamos viendo la adicción como un problema individual o moral, vamos a llegar
tarde”, apunta Gutiérrez Manzano. “Necesitamos entenderla como una realidad que
involucra salud mental y entorno comunitario. En ese contexto, el
acompañamiento a las familias es de extrema relevancia”.
Finalmente,
enfatiza que la prevención comienza mucho antes del consumo. “Acompañar a un
niño o adolescente no es solo evitar que consuma. Es detectar algún vacío o
inseguridad a tiempo, validar sus logros y corregir con empatía sus errores, ayudarle a construir sentido de vida,
identidad y herramientas para enfrentar lo que vive”.

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