LOS ALIMENTOS QUE FAVORECEN
LA SALUD
DEL HIGADO: QUÉ COMER Y QUÉ
EVITAR
La
mayoría de las personas no dedica mucho tiempo a pensar en el hígado. A
diferencia del corazón o los pulmones, este es un órgano silencioso. Cuando
está dañado o enfermo, no suele causar dolor ni síntomas evidentes hasta que la
afección se encuentra en una etapa avanzada.
Esa
es parte de la razón por la que casi 1 de cada 4 personas en Estados Unidos
tiene, sin saberlo, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción
metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), antes conocida como enfermedad
del hígado graso no alcohólico.
“El
hígado no duele”, señala la Dra. Tamneet Basra, gastroenteróloga y especialista
en hígado del Hospital Houston Methodist. “Muchas veces no te das cuenta de que
algo anda mal hasta que se desarrolla un daño hepático importante o
cicatrización con el paso del tiempo. En esa etapa, si ya hay cirrosis, el daño
es permanente”.
Ser
proactivo es clave para reducir el riesgo de desarrollar enfermedad hepática.
¿La buena noticia? No necesitas limpiezas especiales ni suplementos costosos
para mantener el hígado sano. Las decisiones diarias en la alimentación y el
estilo de vida, junto con el ejercicio y mantener un peso saludable, son lo que
más influye en la prevención.
Por
qué el hígado es tan importante: El hígado funciona como el centro natural
de desintoxicación del cuerpo. Filtra la sangre, procesa nutrimentos y ayuda a
regular el azúcar y el colesterol en sangre. También descompone toxinas,
incluido el alcohol y muchos medicamentos.
Cuando
el hígado se sobrecarga de grasa, azúcar o alcohol, puede aparecer inflamación.
Con el tiempo, esto puede provocar fibrosis (cicatrización), que puede avanzar
a cirrosis e incluso a insuficiencia hepática.
Como
la enfermedad hepática suele ser silenciosa, vale la pena hablar con el médico
sobre revisiones de rutina si existen factores de riesgo como obesidad,
diabetes o colesterol alto. Un análisis de sangre sencillo y el puntaje
Fibrosis-4 (FIB-4, por sus siglas en inglés) —un cálculo que incluye el
recuento de plaquetas, la edad y los niveles de las enzimas aspartato
aminotransferasa y alanina aminotransferasa— pueden estimar el riesgo de
cicatrización hepática avanzada. Los estudios de imagen también permiten
detectar hígado graso sin necesidad de una biopsia.
El
problema con las “dietas detox” y los suplementos para el hígado: Si
recorres los pasillos de una farmacia o navegas en internet, encontrarás
productos que prometen “limpiar” o “desintoxicar” el hígado. Estas afirmaciones
pueden resultar atractivas, pero la mayoría de los especialistas aconseja
evitarlas. Aunque algunos suplementos como el cardo mariano o la vitamina E se
han estudiado, los beneficios no son consistentes y aún existen posibles
riesgos.
“El
hígado es el órgano encargado de la desintoxicación del cuerpo. Con frecuencia,
suplementos que se toman con la mejor intención pueden terminar dañando el
hígado”, explica el Dr. David Victor, especialista en hígado en el Hospital
Houston Methodist. “No recomiendo hacer una desintoxicación, pero si estás
considerando una, conviene hablarlo cuidadosamente con el médico antes de
comenzar. También vale la pena vigilar de cerca los valores de laboratorio
durante cualquier dieta de este tipo”.
En
resumen, una alimentación equilibrada y revisiones médicas periódicas harán
mucho más por el hígado que cualquier limpieza o pastilla.
“Hemos
visto pacientes que terminan hospitalizados por daño hepático desencadenado por
suplementos”, advierte la Dra. Basra.
Alimentos
que favorecen la salud del hígado: Para obtener mejores resultados,
enfócate en hábitos de alimentación diarios que protejan el hígado a largo
plazo.
Alimentos ricos en proteína: En general, se
consumen suficientes carbohidratos, pero a menudo no se alcanza la cantidad
necesaria de proteína. La proteína ayuda a preservar la masa muscular —algo
especialmente importante si estás bajando de peso para mejorar la salud
hepática—. La meta es alrededor de 1 gramo de proteína por kilogramo de peso
corporal al día.
Fuentes saludables de proteína incluyen:
• Frijoles y lentejas
• Pollo o pavo
• Huevos
• Pescado
• Lácteos bajos en grasa
Frutas, verduras y granos integrales ricos
en fibra: “La mayoría de las personas solo consume la mitad de la fibra diaria
que necesita”, señala la Dra. Basra. “La fibra ayuda a sentir saciedad, regular
el azúcar en sangre y reducir los antojos de alimentos dulces poco saludables,
lo cual beneficia al hígado”.
La
mayoría de las personas adultas debería aspirar a consumir entre 20 y 40 gramos
de fibra al día. Puedes elegir entre:
• Verduras (brócoli, verduras de hoja verde,
zanahorias)
• Frutas (frutos rojos, manzanas, peras)
• Leguminosas
• Granos integrales (quinoa, arroz integral,
avena)
Comidas
al estilo mediterráneo: La dieta mediterránea se ha relacionado con
beneficios tanto para el corazón como para el hígado. Es rica en verduras,
pescado, aceite de oliva, nueces y granos integrales. Por ejemplo, salmón a la
parrilla con verduras asadas o una ensalada de garbanzos con un toque de aceite
de oliva.
Café
negro: Aquí hay una buena noticia. Diversos estudios muestran que tomar de
2 a 3 tazas de café negro al día puede reducir el riesgo de enfermedad
hepática. Los antioxidantes del café —incluido el descafeinado— pueden ayudar a
proteger contra la inflamación y la cicatrización. Solo evita añadir azúcar,
jarabes o cremas espesas que pueden convertir el café en un postre.
Alimentos
y bebidas que conviene limitar: Si quieres reducir la carga de trabajo del
hígado, estos son los principales elementos que conviene disminuir:
• Azúcares procesados: refrescos, dulces,
pasteles y azúcares añadidos empeoran el hígado graso. “La fructosa, en
particular, se metaboliza directamente en el hígado”, explica el Dr. Victor.
“Con el tiempo, puede favorecer la acumulación de grasa y la cicatrización”.
• Carbohidratos refinados: pan blanco,
pastas y comidas con exceso de arroz pueden elevar el azúcar en sangre y
aportar calorías ocultas.
• Alcohol: el consumo excesivo sigue siendo
una de las principales causas de cirrosis. Incluso un consumo moderado puede
representar un riesgo si ya existe enfermedad hepática.
“Hay
que pensar en prevención”, enfatiza la Dra. Basra. “Lo ideal es actuar antes de
que aparezca el daño. Una vez que el hígado llega a la cirrosis, ya no es
posible revertirla”.
Los
hábitos de vida también cuentan: La alimentación es solo una parte del
panorama. Mantener un peso saludable y hacer ejercicio de manera regular es
igual de importante. Incluso una pérdida de peso de entre 5% y 10% puede
reducir de forma significativa la grasa en el hígado. En algunas personas, los
medicamentos recetados para bajar de peso, bajo supervisión médica y en
combinación con dieta y ejercicio, pueden ayudar a controlar el apetito.
El
hígado ya es una poderosa máquina de desintoxicación. Más que una “limpieza”,
el cuerpo necesita decisiones constantes y equilibradas. Al consumir más
proteína y fibra, reducir el azúcar y el alcohol, disfrutar café negro y seguir
un patrón de alimentación tipo mediterráneo, puedes apoyar la salud hepática a
largo plazo.

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